LOS CUATRO ACUERDOS

 



Los cuatro acuerdos es un ensayo de la soteriología que debería tener un ser humano para estar en equilibrio personal, emocional, mental y social. Tomo prestado: “A partir de la cosmovisión, las personas o las sociedades se interpretan a sí mismos y a lo que les rodea, y deciden cómo actuar en todos los aspectos de la vida, a nivel personal y social”.
Los cuatro acuerdos ayudan para lograr entenderse a uno mismo y entender a los demás, qué difícil ambas cosas. También para alcanzar la felicidad, si es que tal empeño puede lograrse; yo creo que un poco, en instantes, en pequeñas dosis, sí se puede.
Lo primero es entender que todo lo que necesitamos para ser felices o desgraciados, estables o desequilibrados está dentro de nosotros mismos. Todos los seres humanos cargamos con una pesada mochila de creencias, que hemos ido adquiriendo a nivel familiar, educacional, social, laboral y a partir de nuestras propias experiencias. Esas creencias adquiridas hacen que demos por hecho muchas cosas que nos generan malentendidos, comeduras de tarro, malos rollos, perturbación e infelicidad. Debemos aprender a desaprender, cierto. Para conseguir el anhelado equilibrio interior que lleva a la felicidad (al menos a instantes de felicidad y a no caer en la más negra de las desesperaciones cada dos por tres) se pueden poner en práctica los cuatro acuerdos:
1."Sé impecable con tus palabras".
2."No te tomes nada personalmente".
3."No hagas suposiciones".
4."Haz siempre tu máximo esfuerzo". Es decir, da lo mejor de ti mismo.
Romper nuestros acuerdos basados en las creencias y los dogmas que vamos adquiriendo a lo largo de nuestras vidas, desaprender, no dejar campar a sus anchas las emociones negativas que tantas veces nos embargan. Pero ojo, también hay que controlar las emociones positivas desbordadas, que suelen ser también terriblemente perjudiciales. Nos recomiendan también abandonar el ego y buscar cada vez más en el interior de nosotros mismos. Cordura, sensatez, coherencia y reflexión.
Aparte del tema de los cuatro acuerdos, pienso que antes de juzgar a los demás con severidad, hay que empezar por examinarse a uno mismo. Igual lo que encontremos no nos guste mucho, pero seguramente nos ayude a ser algo más empáticos y condescendientes, y por tanto más humanos. No hay que tener miedo a reconocer los errores y los defectos. Para hacerlo delante de los demás hay que tener, eso sí, mucha seguridad en uno mismo pero es un ejercicio altamente recomendable. No quiero alcanzar la aburrida perfección pero sí tengo un humano deseo de mejora.
Dice Miguel Ruiz en Los cuatro acuerdos: «No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La única razón por la que eres feliz es porque tú decides ser feliz. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento». No es ni mucho menos fácil, pero no tengo dudas de que la tristeza y la negatividad son utilizadas en ocasiones como protección ante la cobardía y el miedo a vivir.
La concepción sobre la felicidad que hablaba sobre la contradicción del idioma castellano entre “ser feliz” y “estar feliz”, sí que me llena. "Se supone que la felicidad es un estado temporal, ¿no? Nadie nace siendo feliz y es feliz toda la vida... Es una contradicción, ¿no crees?. Tal vez, eso se deba a que los seres humanos, cuando estamos bien, queremos que ese estado continúe toda la vida. Inconscientemente, le aplicamos un verbo que no es correcto, que muestra más nuestro deseo que la realidad".
Efectivamente, no se puede ser feliz todo el tiempo, ni con los cuatro acuerdos, ni puesto hasta arriba de drogas, es imposible. Creo que esa obsesión es la que nos genera más ansiedad y agobio. Y tanto equilibrio puede ser mortalmente aburrido. Que sí, pero esforcémonos, no tengamos miedo a esos instantes de felicidad…
Para finalizar, la mejor frase zen de la historia:  “Francamente querida, me importa un carajo”. ¡Qué grande esa palabra!

Comentarios

  1. Diego, cada que te leo quedo gratamente sorprendida con tus reflexiones, quisiera detenerme un poco en el tema de la felicidad, qué tal si no la vemos como la ausencia de tristeza? ni un estado de total alegría permanente? qué tal si contemplamos que la felicidad está presente cuando buscamos la fortaleza en la buena gestión de las diferentes emociones? y si comprendemos que la felicidad es diferente para cada individuo?, pues partimos del hecho que cada persona es diferente y lo que hace feliz a un ser humano, no necesariamente hace feliz al otro. Gracias por enseñarme tanto en cada una de tus líneas.

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